confederación
sindical de comisiones obreras
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Secretaría
de Acción Sindical
Fernández
de la Hoz, 12. 28010 Madrid. Tel.: 917028203
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Estimadas
compañeras y compañeros,
En
agosto sube el paro y baja la ocupación, lo que demuestra la fragilidad de la
recuperación y la enorme dependencia de la economía española de las actividades
turísticas, estacionales y de temporada. Para CCOO se confirma que, a
pesar de los discursos triunfalistas del Gobierno, la realidad demuestra que no
hay un cambio estructural de la economía y del empleo, sino los efectos
coyunturales que caracterizan la estructura productiva del país.
En los casos de Móstoles y de la Comunidad de Madrid, los datos son muy desalentadores, poniendo de manifiesto que las políticas que se están siguiendo para supuestamente “crear empleo”, no están más que agravando el problema del desempleo en nuestra región y nuestro municipio.
SE ACABA EL VERANO Y SE DESTRUYE EMPLEO
Y AUMENTA EL PARO: OTRA VEZ EL CICLO ESTACIONAL DE LA ECONOMÍA ESPAÑOLA
DEMUESTRA QUE NO SE HA PRODUCIDO EL CAMBIO ESTRUCTURAL DEL QUE HABLA EL
GOBIERNO.
1.
EL
EMPLEO ES CADA VEZ MÁS PRECARIO Y CON PEOR PROTECCIÓN A LAS PERSONAS
DESEMPLEADAS.
2.
LOS
EMPLEOS INDEFINIDOS Y A TIEMPO COMPLETO YA NO SON LA MAYORÍA; DE FORMA QUE AUMENTA
EL NÚMERO DE OCUPADOS, PERO BAJA EL NÚMERO DE HORAS TRABAJADAS.
- EL DETERIORO EN LA COBERTURA POR DESEMPLEO VA A PAGAR BUENA PARTE DE LA REBAJA FISCAL.
- En agosto sube el paro y baja la ocupación, lo que demuestra la fragilidad de la recuperación y la enorme dependencia de la economía española de las actividades turísticas, estacionales y de temporada. A pesar de los discursos triunfalistas del gobierno la realidad demuestra que no hay un cambio estructural de la economía y del empleo sino los efectos coyunturales que caracterizan la estructura productiva del país.
- Se confirma el enorme deterioro que está sufriendo la calidad del empleo en España: las personas con contrato indefinido y a tiempo completo ya no son la mayoría de la población asalariada afiliada al Régimen General de la Seguridad Social. En agosto de 2014 solo el 49% de las personas asalariadas pertenecen a este grupo central mientras que el 51% restante sufre algún tipo de precariedad, bien sea por tener un contrato temporal o una jornada parcial no deseada.
- Además, esta cifra pone en cuestión la afirmación de que ya se está creando empleo en España: solo crece el empleo temporal y a jornada parcial y por lo tanto más que un proceso de creación de empleo, estamos ante una forma espuria de reparto de los puestos de trabajo, tanto en número de horas de jornada como de rotación de las personas por los mismos.
- Los datos de la EPA del segundo trimestre de 2014 revelan que se han trabajado menos horas que en el mismo trimestre de 2013: exactamente un 0,7 % menos al bajar de 581,6 a 577,7 millones de horas semanales.
- Desde que el PP llegó al gobierno ha empeorado gravemente la protección a las personas en desempleo: la tasa de cobertura se redujo el 15%, el número de parados con prestaciones cayó el 14%, la cuantía de la prestación es un 9% inferior y los recursos destinados a la protección se han reducido el 23%.
- Es necesario y urgente un cambio de orientación en la política económica y laboral, aquí y en la UE, que deje atrás las políticas de austeridad y recortes y apueste de forma decidida por el crecimiento. Una nueva estrategia económica que recupere el dialogo social como un instrumento básico y que debería tener, como primer resultado, un plan de empleo con prioridad hacia los jóvenes y los parados de larga duración, y actué de forma urgente para mejorar la protección a los desempleados, especialmente de los casi 800.000 hogares en los que viven un millón y medio de personas sin ingresos laborales (salario, prestación, subsidio o pensión).
Se acaba la temporada turística y el paro registrado vuelve a aumentar
El aumento del paro registrado en
el mes de agosto viene a demostrar la enorme debilidad del empleo creado en los
meses anteriores y la elevada fragilidad de la recuperación de la economía y
del empleo. Los datos relativamente positivos de los últimos meses eran la
consecuencia de la enorme estacionalidad de la economía española que solo es
capaz de crear empleo estacional vinculado a la temporada turística de la
primavera y el verano, en especial en este año en el que por diferentes
factores fue el mejor año turístico en mucho tiempo.
Pero al mismo tiempo los datos de agosto revelan
la dificultad para impulsar un crecimiento sólido y sostenido de la economía y
del empleo que afecte al conjunto de las actividades y no solo a las de
temporada. Lo que hemos visto por lo tanto en los meses anteriores es un
comportamiento coyuntural de la economía española y no un cambio estructural y
por lo tanto permanente en el tiempo.
Los 8.070 nuevos parados de
agosto elevan hasta 5.891.124 las personas
que siguen inscritas en las oficinas del servicio público de empleo
(SEPE) buscando un trabajo o uno mejor del que ya tienen. Este aumento en
términos mensuales es compatible con una reducción interanual del 5,8% pero
todavía hay en nuestro país 3.147.797 mujeres y 2.743.327 hombres inscritos
como demandantes en las oficinas del SEPE de los cuales 4.427.930 están dentro
de la categoría de parados registrados. Una situación socialmente insoportable
que afecta con especial virulencia a las mujeres porque siendo el 46% de la
población activa soporta más del 53% del desempleo.
En el último año el paro
registrado se redujo en 270.853 personas mientras que la afiliación en el
régimen general solo aumentó en 238.858 y eso significa que la reducción del
paro registrado no está explicada por el aumento de la ocupación sino por otros
motivos. Por eso hay que aclarar que la reducción en el número de personas en
el registro del paro no presupone que esas personas hayan encontrado un empleo.
Con los datos de junio, último mes disponible, sabemos que el 44% de las bajas
de demandantes en el SEPE se deben a la no renovación de la demanda y a otras
causas administrativas. Dicho de otra forma, solo la mitad de las personas que
dejaron la cola del paro fue porque encontraron un trabajo.
La reducción en las prestaciones,
el deterioro al extremo de las políticas activas, la falta de esperanza de
encontrar un empleo –y menos a través del SEPE–, los recortes en el propio
servicio público, están provocando un efecto de desanimo que lleva a muchas
personas a no inscribirse en las oficinas. Dos datos lo demuestran: en junio,
último dato disponible, fueron 342.762 personas las que se borraron de las
listas a pesar de no haber encontrado empleo y solo 21.526 colocaciones, menos
del 4% del total, se corresponde con su participación activa de intermediación
porque en el 96% restante su papel es de mero registrador.
Cae la afiliación a la seguridad social en casi cien mil personas
En el último mes el número de
afiliados al sistema se redujo en 97.582 personas pero aún así en términos
anuales hay 321.883 afiliados más. Es por lo tanto una situación contradictora,
porque por un lado demuestran los límites al empleo más allá de las actividades
de temporada y avisan de que, con gran probabilidad, esta evolución negativa
continuará hasta diciembre. Pero por otro son datos positivos en términos
interanuales porque suponen poner fin a cinco años –– desde 2008 hasta 2013
–– de caída en la afiliación. Parece
que, por fin, la economía española dejó de destruir empleo, pero también que
aún no lo crea, por lo menos a un ritmo aceptable: con las cifras actuales
necesitaríamos 10 años para recuperar
los 3 millones de afiliados perdidos desde 2008.
Por otro lado, la distribución
sectorial del aumento de la afiliación provoca muchas dudas sobre la calidad de
la recuperación de la actividad económica, porque solo aumenta en ramas como la
hostelería, el comercio, las actividades administrativas y los servicios
auxiliares mientras que, en valores interanuales, se sigue destruyendo empleo
en la industria. Y ese no puede ser la senda del crecimiento que este país
necesita ni el modelo productivo de nuestro futuro: empleos de baja calidad en
sectores de bajo valor añadido. Sin empleo industrial, sin servicios de alto
valor, especializándonos cada vez más en actividades de servicios de turismo y
de temporada, la economía española y el
empleo tienen un mal futuro.
Problemas con la calidad del
empleo que también se manifiestan en una insoportable precariedad y rotación de
los trabajadores en los puestos de trabajo en la misma o en otra empresa o
sector. En el mes de agosto, la seguridad social registró 1.476.443 altas, pero
como también sufrió 1.543.025 bajas el saldo neto final varía en esos casi cien mil afiliados menos.
El flujo de entrada y salida, la
movilidad y la rotación, son enormes: sumados se producen más de 3 millones de
altas y de bajas en un solo mes, y hay días que llegan casi a lo absurdo.
Un mercado de trabajo precario, con una presencia abusiva de la
contratación temporal y el tiempo parcial no deseado.
La precariedad laboral que
caracteriza al mercado de trabajo en España se manifiesta de forma especial en
la enorme desproporción que hay entre la escasa reducción del paro y el enorme
número de contratos registrados en las oficinas públicas de empleo (SEPE). En
agosto de 2014 a pesar de que el paro
registrado aumentó en 8.000 personas se formalizaron 1.135.109
contratos de trabajo, eso sí, en su inmensa mayoría precarios. En los
últimos doce meses para una reducción
del paro de 270 mil personas se registraron más de 16 millones de contratos.
En un país en el que prácticamente
no se crea empleo, –e incluso en las fases en las que se destruye con enorme
intensidad– se formalizan, cada año, millones de contratos de trabajo, lo que
da idea de la brutal temporalidad y rotación del mercado laboral. En los
últimos doce meses se formalizaron en España más de 15 millones de contratos
temporales cuando la población asalariada
con este tipo de relación laboral fue, de media, 3,2 millones de
personas. En consecuencia el índice de rotación laboral –total de contratos temporales dividido por asalariados
temporales– es de 5: cada persona firma
cinco contratos de media cada año.
Y en agosto de 2014 también,
porque el 96% de los contratos iniciales
firmados fue de carácter temporal y por lo tanto solo 4 de cada 100 tuvieron
carácter de indefinidos. Y, lo que es todavía peor, esta precariedad no deja de
crecer porque en el mes de agosto los
contratos los indefinidos se redujeron el 36% en comparación con el mes
anterior.
Ni la incipiente y débil
recuperación de la actividad, ni mucho menos la reforma laboral están sirviendo
para mejorar la estabilidad en el empleo y reducir la precariedad, que se
extiende también a la duración de la jornada. El 35% del total de los contratos
registrados en junio son de jornada a tiempo parcial, porcentaje que se eleva
hasta casi el 41% en los contratos indefinidos.
Esta es la realidad de nuestro
mercado de trabajo: la reforma laboral y los incentivos del gobierno están
provocando un aumento de la precariedad en las relaciones laborales, con un
peso inaceptable de la contratación temporal y un incremento continuado del
contrato a tiempo parcial, situación no deseada por la inmensa mayoría de los
que la sufren y no solo por su bajo salario sino porque en la jornada parcial
se concentra gran parte del fraude laboral, en especial en muchas actividades
de los servicios.
¿Más empleo o peor empleo?
En los
análisis sobre la evolución del empleo en los últimos meses el gobierno pone el
foco en la variación cuantitativa obviando por completo las profundas
transformaciones que se están produciendo en el mercado de trabajo, en su mayor
parte muy negativas, y que explican en gran parte esas variaciones.
En agosto de
2014 el número de personas afiliadas al régimen general de la Seguridad Social,
que se corresponde con los asalariados, es de 12.342.881 en media mensual. Un
año antes, en agosto de 2013, esa cifra
era de 12.104.023 personas y por lo tanto el número de trabajadores por cuenta
ajena se incrementó en 238 mil, una variación del 2% algo que hay que valorar
positivamente. Pero hasta aquí llegan las buenas noticias, porque la valoración
empeora cuando además de lo cuantitativo se analiza los cambios cualitativos,
tanto en términos sectoriales como, sobre todo, en la calidad del empleo.
Esta última
perspectiva es la fundamental porque se
ha producido un hecho de enorme
relevancia pese a que ha pasado prácticamente desapercibido: las personas con
contrato indefinido y a tiempo completo han dejado de ser la mayoría de la
población asalariada.
Durante
décadas el colectivo mayoritario de la clase trabajadora estaba conformado por
el empleo de más calidad, el empleo estable a jornada completa, que se
consideraba como la situación normal del trabajador mientras que las formulas
precarias eran excepciones a esa regla general, que además había que
justificarlas, obedecían a una causalidad.
Pero la
crisis ha acelerado el proceso de transformación de esa realidad y los datos de
agosto demuestran ese aumento de la precariedad: el empleo temporal o a tiempo
parcial desplaza al estable a tiempo completo. Y eso es así porque todo el
aumento de la población ocupada en los últimos doce meses se corresponde con
empleos de peor calidad: aumentan en 12 mil los fijos discontinuos, en 122 mil
los temporales y en 152 mil los de tiempo parcial. Por el contrario, el
indefinido a tiempo completo es el único que se reduce, hay 66 mil ocupados
menos que hace un año. Es cierto que en los últimos meses este proceso destructivo se ha parado
pero aún no se ha dado la vuelta y por lo tanto el balance en términos
interanuales aún es negativo.
Es una
evolución divergente por lo tanto, en la que se manifiesta el deterioro en la
calidad del empleo y que se refleja en esa pérdida de centralidad del empleo
estable: si en agosto de 2013 el 51% de los asalariados pertenecía a esa
categoría de indefinidos a tiempo completo en agosto de 2014 ya solo es el
49%, menos de la mitad. Y bajando.
Además, esta
cifra pone de evidencia que no es completamente cierta la afirmación de que ya
se está creando empleo en España: solo crece el empleo temporal y a jornada
parcial y sigue cayendo el empleo indefinido y a tiempo completo y por lo tanto
más que un proceso de creación de empleo, estamos ante una forma espuria de
reparto de los puestos de trabajo, tanto en número de horas de jornada como de
rotación de las personas por los mismos.
Ocupados con menos horas de trabajo
Un proceso que tiene mucho que
ver con la precarización del empleo, con el peso creciente del contrato
temporal y sobre todo del tiempo parcial no deseado.
Un cambio tan profundo que está
provocando una transformación del mercado de trabajo con efectos que se pueden
cuantificar. Porque en el último año se ha producido un hecho que desmonta en
gran medida el triunfalismo oficial: en el segundo trimestre de 2014 se han
trabajado menos horas que en el mismo trimestre de 2013. En concreto el
0,7 % menos al bajar de 581,6
a 577,7 millones de horas semanales.
No hay por lo tanto más empleo
disponible —que es lo que mide el total de horas— sino un reparto de esas horas
entre más personas, de tal forma que hay más ocupados no porque haya más
trabajo sino porque se trabaja menos horas.
Dicho de otra forma, si lo
expresamos en puestos de trabajo equivalentes —con la misma jornada— en 2014
habría menos empleos que un año antes. Si la EPA dice que hay 192.200 ocupados
más es, fundamentalmente, porque la jornada media ha bajado de 35,6 horas
semanales en 2013 a
34,9 en 2014.
Es un reparto injusto,
antisocial y no pactado del empleo: entre ocupados y parados, entre fijos y
temporales, entre la jornada completa y el empleo a tiempo parcial. Avanza el
empleo de baja calidad, de bajos salarios, con muchas personas rotando sin
parar por puestos de trabajo, insuficientes para todos, repartiéndose las horas
en jornadas parciales.
Empleos de baja productividad,
no solo por el modelo de relaciones laborales sino también por el deterioro en
la estructura económica del país, en la especialización productiva de España.
Porque en el último año solo se ha creado empleo en los servicios y se reduce
en el resto de las actividades, incluida la industria, dando continuidad en la
salida de la recesión a un preocupante proceso de desindustrialización, que
empeora la posición de nuestro país en la división internacional del trabajo.
Continúa el deterioro de la protección de las personas desempleadas.
La enorme duración de la crisis,
el fracaso de las políticas de empleo, la reforma laboral y el recorte en las
prestaciones por desempleo impuestas por el gobierno están provocando un
gravísimo deterioro en la protección a los desempleados: en julio de 2014
continúa un proceso que dura ya más de tres años en los que cae la cobertura a
los desempleados.
Un deterioro que afecta tanto a
la cantidad como a la calidad: cada vez son menos las personas desempleadas que
cobran prestaciones y cada mes que pasa la prestación es más baja. Con los
datos publicados por el SEPE, la tasa de cobertura descendió el 6% en
comparación con el año anterior y el 27% en relación a su valor máximo
alcanzado en 2009.
Si comparamos la situación actual
con la que había en diciembre de 2011, cuando llega el gobierno actual,
gobierno la tasa de cobertura se redujo el 15%, el número de parados con
prestaciones cayó el 14%, la cuantía de la prestación es un 9% inferior y los
recursos destinados a la protección se han reducido el 23%.
Cae la cobertura porque cada vez
hay menos desempleados con derecho a prestación o subsidio. En julio de 2014
son un 12% menos que hace un año, porcentaje que se dispara hasta el 19% en
comparación con el año 2010 en el que se alcanzó su máximo valor.
Menos personas y menores
cuantías, porque lo que más se reduce son, precisamente, las prestaciones de
más importe, las contributivas, que retroceden el 23% en el último año y el 33%
en relación al valor más alto alcanzado en 2009. Las únicas que suben son las
denominadas Rentas Activas de Inserción, un subsidio de supervivencia de 426
euros al mes. El resultado de este cambio en la composición de las prestaciones
es un empobrecimiento de la misma, porque la cuantía media es de tan solo 788
euros al mes, el 4% menos que hace un año.
Menos personas con protección y
de peor calidad que provoca algo que puede parecer sorprendente y es que el
sistema dedica cada vez menos recursos a
pesar de la brutal cifra de personas en paro: en el último mes, el gasto en
protección al desempleo bajó el 18,4% en comparación con 2013. En los siete
primeros meses del año el gasto en prestaciones es 3.144 millones de euros más
bajo que en 2013. En el conjunto del año el gasto en prestaciones se va a
reducir en más de 5.000 millones de euros, de tal forma que las personas
desempleadas van a pagar con su desprotección una cifra similar a la rebaja
fiscal del año 2015.
Es necesario un plan de empleo y mejorar la protección a los
desempleados
La situación del desempleo es
dramática en nuestro país, es nuestro principal problema económico, social,
familiar y personal y por eso todos los esfuerzos tienen que dirigirse a este
objetivo: crear empleo. No podemos esperar resignadamente varias décadas porque
los casi 6 millones de personas en paro, muchas de ellas ya de larga duración,
no lo pueden soportar.
Es necesario y urgente un cambio
de orientación en la política económica y laboral, aquí y en la UE, que deje
atrás las políticas de austeridad y recortes y apueste de forma decidida por el
crecimiento. Una nueva estrategia económica en la que recuperar el diálogo
social tiene que ser un instrumento básico y que debería tener, como primer
resultado, un plan de empleo con
prioridad hacia los jóvenes y los parados de larga duración, al tiempo que se
da cobertura a los casi 800.000 hogares sin ingresos laborales (salario, prestación, subsidio o pensión) que
hay en España.

